Primeramente, no creo que éste sea un título apropiado para el presente escrito; mucho menos, que sea un desarrollo único ni definitivo, pero por algo se debe arrancar. Podríamos proponer algo como: "aproximaciones a la cognición del sonido", aunque la elegancia del nombre no se corresponda con su profundidad. En realidad, creo que debemos ir al grano, o algo así...
En "cuestiones preliminares sobre armónicos" (CPSA) se inició una discusión sobre el efecto de los armónicos en nosotros, aproximando de manera azarosa y poco acertiva un razonamiento sobre el efecto de las ondas y sus estímulos hacia nuestros sentidos. En algún punto se dice: "puede que el sonido haga que el cerebro produzca hormonas". Casi diez años después, esta afirmación parece obvia; sin embargo, veamos algunas cuestiones sobre el efecto del sonido (o particularmente de la música) en el cerebro.
La neurociencia actual parece indicar que todo sentimiento o sensación humana, está asociada a una información comprometida con un área (o varias) del cerebro. Esto es, que todo está experimentado previamente en nuestra cabeza, o usando un léxico apropiado, por nuestro sistema neuro-anato-fisiológico. Todo parece apuntar a que, al ser percibida la información, el cerebro compara con sus archivos y envía señales a nuestro organismo que se reproducen en el hecho de sentirnos mal o bien, o bravos o alegres.
El gran compositor alemán Arnold Schoenberg escribió en 1.931: "nada es menos popular que el cerebro. El cerebro de uno despierta el sentimiento en muchos otros... Creo que no hay sentimiento sin cerebro." (Dünki, 2005). El músico alemán (siempre adelantado en sus composiciones) poseía una comprensión de la función cognitiva en su música y la vinculación con los sentimientos, resaltando siempre el empleo del cerebro en su obra. (ob cit).
La relación sonido-cerebro, o mas específicamente música-cerebro, concentra gran atención de la neurociencia actual. En el excelente trabajo del Dr. Richard Restak, Nuestro Nuevo Cerebro (The New Brain), se exponen diversos estudios que confirman la vinculación del desarrollo de regiones del cerebro con la disciplina musical, tanto en profesionales como en aficionados. Además, aporta datos importantes en la experimentación de determinados temas musicales en nosotros (tal y como se refirió en los trabajos de Goldman citados en CPSA y en el trabajo de Campbell que será referido proximamente).
Del referido trabajo, nos atrevemos a citar lo siguiente: "... a la mayoría de las personas la música les aporta estímulo intelectual y les suscita emociones poderosas... Estas reacciones son consecuencia de la activación de una red cerebral que comprende las amígdalas, partes de la corteza pre-frontal y otras regiones que intervienen en la gratificación, la emoción y la motivación" (Restak, 2005).
Debemos profundizar cada día, en el hecho de que la música (y hasta los "simples sonidos") influyen totalmente en nuestro ser, nos generan estados anímicos y modifican conductas. El cerebro y todo nuestro cuerpo parece ser una gran antena reflectora. Pero, ¿nos ocurre lo mismo ante la luz?¿ante un olor?¿ante una textura?¿ante una noticia?.
Seremos capaces en algún momento de profundizar en estas facultades, por ahora, nos queda un largo camino en la aproximación de la relación sonido cerebro...
Engel Salazar Aguirre
22 de Julio de 2016.
Referencias:
Dünki, Jean-Jaques (2005). Los signos de Schoenberg. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana.
Restak, Richard (2005). Nuestro Nuevo Cerebro. Emmaus, PA, USA: Urano.
