Primeramente quiero iniciar
disculpándome por semejante título, y anunciando que su abreviatura será (CV-MV),
ya que se necesitaría un autobús para ubicar la cantidad de siglas presentes.
Por otra parte, como siempre debe haber algo que tenga la
responsabilidad, la culpa recae sobre lo conversado en: “Cuestiones de
frecuencias en la relación música-cerebro” (CFRMC), donde se inquiere en la
base de un variación “…similar a la del tipo cuerda vibrante hacia membrana
vibrante…” en una hipotética transición de sonidos que podría afectar las ondas
cerebrales.
Antes de intentar aproximarnos a
lo anterior, quisiera hacer una breve revisión de la componente física de la
audición. Como se indicó en CPSA (Cuestiones preliminares sobre armónicos), la percepción del sonido se efectúa a través
de la membrana timpánica, luego de su viaje por el medio gaseoso (generalmente
aire contaminado), gracias al enrarecimiento de las moléculas. Además, “Cuando una onda de
sonido llega al oído humano, éste convierte los cambios de presión de la onda
en impulsos nerviosos, los cuales son registrados e interpretados por el cerebro
como que algo se escucha” (Gettys y otros, 2005); lo cual, también fue referido
en CFRMC. Tanto en éste, como en CPSA, igualmente se precisó sobre la presencia
de parciales del sonido producto de la longitud finita y los extremos fijos de
la cuerda, que se amplifican debido al material de la cuerda, el medio en el
cual se propaga la onda, etc., y que tendrían como resultado una propiedad que
generalmente conocemos como timbre, la cual, está más relacionada con la forma
de la onda que con su frecuencia (Gettys, ob cit.). A manera de resumen del
cuento, si suena la cuerda “La” de un violín y la cuerda “La” de una guitarra, el cerebro (con su mecanismo
complejo de escuchar) sabrá que es “la misma nota” (ya que sus frecuencias son
iguales) y sabrá que no proceden del mismo instrumento (ya que no poseen el
mismo timbre), aunque no vea a los emisores del sonido. Pero, ¿el cerebro
siempre percibe una nota?
Para tratar de responder a esto,
debemos adentrarnos (al fin) en lo que sería una cuerda vibrante o en lo que
significaría ser una membrana vibrante. En el ejemplo del violín o la guitarra,
la referida cuerda “La” sería pues, una cuerda vibrante. Como se ha mencionado
en repetidas ocasiones, esta cuerda emite un sonido con un grupo de sonidos
parciales que, para su análisis físico, bastaría con lo que conocemos como
Análisis de Fourier, según nos indican nuevamente Gettys y sus amigos, cuando
afirman que “… Fourier (1.768-1.830) demostró que las ondas periódicas con
formas complicadas se pueden considerar como la suma de ondas armónicas" (ob
cit.). El trabajo de Fourier ha repercutido en diversas áreas de la física matemática,
con implicaciones en teorías contemporáneas de gran importancia. Sobre el
Análisis de Fourier, Penrose (2007) lo describe como “una de las formas más
efectivas de estudiar formas de onda…”. Podríamos conversar muchas cuestiones
sobre este genio; sin embargo, debemos volver a la cuestión que tratamos de
dilucidar. Este análisis, resuelve la complejidad de los parciales del sonido
emitidos (los armónicos explicados por Goldman y referidos en CPSA), llegando a una
elegante solución matemática. No quisiéramos empastelarnos con objetos
matemáticos complicados, pero se hace necesario adentrarnos un poco mas (en el
pastel de Fourier) para vincularnos con el timbre (y la cualidad de los
armónicos). Ledder (2006) confiere la vinculación a la que hacemos referencia, a los
trabajos de Hermann Helmholtz en la década de los 1.860, diciendo que este “…
pudo demostrar que la calidad percibida del sonido depende de la relación de
frecuencias del modo de vibración y las magnitudes relativas de los
coeficientes de Fourier”. Volviendo al ejemplo, el “La” de la guitarra o del violín es la nota
fundamental, y sus parciales (armónicos) son los modos de vibración que refiere
Helmholtz, los cuales tienen frecuencias que son múltiplos enteros de la
fundamental, como indicó Goldman (2006). Cada una de estas parciales, tienen su
propio tono y ejercen contribuciones al sonido general, definiendo así el
timbre. “Estas contribuciones se pueden representar como líneas verticales… …en
la recta numérica” Ledder (ob cit.), como el siguiente ejemplo:
Figura 1. Representación como rectas verticales en la
recta numérica, de las contribuciones de las notas parciales (armónicos o modos
de vibración). La calidad del sonido o timbre, depende de la agrupación de las
frecuencias de estos parciales. La potencia de la contribución de cada nota la
determina el Coeficiente de Fourier. El gráfico se obtiene dividiendo cada
longitud entra la longitud total. Tomado de: Ledder (2006).
En aras de cortar el pastel (o
sea, para resumir), el cerebro procesa una nota como principal y al cuerpo de
parciales como su timbre, dependiendo de las contribuciones de los armónicos. A
pesar de esta complejidad, siempre percibimos claramente una nota principal en
la emisión de sonido por una cuerda vibrante.
Veamos ahora si existe alguna manera de
aproximación a la percepción de la nota y el timbre (si es posible) en una
membrana vibrante. Contrario al ejemplo de la guitarra o el violín, una
membrana dista mucho de parecerse a una cuerda “La”. La membrana vibrante es la
que escuchamos al tocar un instrumento de percusión (membranófono) como un
tambor, conga o timbal. A simple oído, ya es conocido que el cerebro no va a
procesar una nota fundamental, bastaría con escuchar un golpe de tambor para darse
cuenta. Podemos acotar que, en el caso de los membranófonos “Los modos de vibración más altos no ocurren a
frecuencias relacionadas estrechamente con el fundamental, de manera que los
sonidos producidos por los diversos modos de vibración tienen conflicto unos
con otros” (Ledder, ob cit.), un comportamiento que no ocurre en el caso de los instrumentos de cuerda. Dicho de otro modo, la suma geométrica que observamos (y escuchamos) en la cuerda vibrante no ocurre en la membrana, por eso, no hay nota fundamental
discernible, lo cual responde a una pregunta que estaba en el aire: el cerebro no
siempre percibe (o reconoce) una nota.
Tenemos pues, al fin, una pequeña
pregunta atendida; sin embargo, aun falta una mayor, la que nos motivó a esta
reunión: ¿es viable la hipotética transición de sonido de cuerda vibrante a
membrana vibrante sugerida en CFRMC? Como se dijo, ¡Vaya Cuestión!
Con las herramientas que tenemos
a la mano, debemos responder en forma negativa. Primeramente, basados en el
hecho que la cuerda vibrante genera formas constructivas como la vista mediante
el análisis de Fourier (Figura 1.); mientras que, las ondas de la membrana son
destructivas entre ellas. Estas se rigen por una forma diferencial llamada
ecuación paramétrica de Bessel. En la figura 2, podemos apreciar una gráfica
ejemplar, también cortesía de Ledder, en la que se observa el desfase de la
función que produciría la sustracción de la forma.
Figura 2. Ejemplo de la gráfica de una Ecuación
Paramétrica de Bessel. El desfase de la función generaría conflictos entre
las ondas. Cortesía de: Ledder (2006).
En segunda instancia y hablando
en términos geométricos, se nos presenta una naturaleza irreconciliable entre
las característica longitudinal (1-dimensional) de la cuerda y la superficial (2-dimensional) de la membrana
(y aquí parece que radica el meollo del asunto). En un vocabulario infinitesimal
(volviendo al pastel), la ecuación de Fourier trabaja con el elemento
diferencial de longitud, que podríamos llamar dx. Al analizar la membrana (superficie) nos encontramos con una
ecuación diferencial parcial que trabaja con un elemento diferencial
2x
(o
2xx)
llamado Laplaciano (que es un operador 2-dimensional con muchas aplicaciones en la actualidad, llamado así en honor a Pierre-Simon
Laplace (1.749-1.827); ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Operador_laplaciano).
Como que nos fuimos muy lejos en el pastel.
Realmente a lo que vamos en los
últimos párrafos, es que no parece haber manera alguna de que el producto de
una cuerda vibrante se transforme en el producto de una membrana vibrante; por
lo tanto, la hipotética transición quedaría fuera de lugar. Esto conlleva a que
sea absurdo comparar con el caso de variación de ondas cerebrales sugerido en
CFRMC. Este escrito ha servido para dejar atrás algunas cuestiones; sin
embargo, no podemos cerrar sin dejar algo pendiente: el sonido que percibimos
se adquiere a través de la membrana vibrante timpánica y se transforma (o trasduce)
en un impulso eléctrico… ¿Cómo es eso?¿Ese timbre implica una afectación de las ondas cerebrales? Bueno, qué cuestiones!
Engel Salazar Aguirre
1 de septiembre de 2016.
Referencias:
Gettys, E.; Keller, F.; Skove, M.
(2005). Física para ingeniería y
ciencias. Tomo II. Ciudad de México: McGraw-Hill Interamericana.
Penrose, Roger (2007). Por el camino a la realidad (The road to
reality). Barcelona: Debate.
Ledder, Glenn (2006). Ecuaciones Diferenciales, un enfoque de modelado.
Ciudad de México: McGraw-Hill Interamericana.
Goldman, Jonathan (1996). Sonidos
que sanan. Barcelona: Luciérnaga.
Wikipedia. Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Operador_laplaciano

"Cuestiones de frecuancias en la relación música-cerebro" (CFRMC, en:http://cuestionesfenomenologicas.blogspot.com/2016/09/cuestiones-de-frecuencias-en-la.html
ResponderEliminar"Cuestiones preliminares sobre armónicos" (CPSA), en: http://cuestionesfenomenologicas.blogspot.com/2009/12/cuestiones-preliminares-sobre-armonicos.html