viernes, 2 de septiembre de 2016

Cuestiones de Frecuencias en la relación música-cerebro.



                “La música crea una cierta vibración que sin duda alguna produce una reacción física. Finalmente se encuentra y utiliza la vibración correcta para cada persona”
George Gershwin citado por Campbell (1998).

Esta cita de Gershwin (1.898-1937), compositor de una influencia poderosa en toda la cultura musical del siglo XX (y XXI), nos invita a abordar un intento de aproximación al efecto del sonido al cerebro. Hago la salvedad de que, al igual que en “Cuestiones iniciales para la relación sonido-cerebro” (CIRSC), el presente título debe ser inadecuado; sin embargo, nos dejamos llevar por la referida observación, al hablar de música-cerebro, pero en sentido inverso.

Volviendo al tema, el compositor norteamericano establece una relación directa entre  la percepción de un sonido (vibración) y una reacción física. Tal y como muchos autores han descrito, y como se hizo referencia en CIRSC, el análisis e interpretación de dicha percepción (y de todas a las que nuestro organismo tiene acceso) le corresponde a nuestro cerebro, quien emite órdenes mediante procesos neuronales complejos (impulsos eléctricos, intercambios entre neuronas, segregación de hormonas, comparación con momentos en la memoria, etc.), al resto de los órganos con el fin de generar la reacción física que corresponda (emoción, cambio de ritmos cardiaco, movimiento corporal, etc.). Esta reacción física “que corresponda” es el fin de una proceso al que Gershwin refiere en: “Finalmente se encuentra y utiliza la vibración correcta…).

En su potente trabajo denominado El Efecto Mozart, el ya citado Don Campbell realiza una vasta explicación de las reacciones físicas de la música en el cuerpo humano, describiendo incluso los efectos particulares de cada tipo de música en nosotros. Por otro lado, en CPSA se hizo referencia al uso de la música (o los sonidos) en la curación (reacción física positiva en nosotros) del trabajo de Goldman, Sonidos que sanan (1996). La explicación de Campbell referente a los efectos particulares de cada tipo de música en nuestro cerebro, se fundamenta en los estudios encefalográficos que confirman la emisión de ondas cerebrales. Un trabajo de la Universidad de Barcelona (UB) indica que estas ondas pueden ser el resultado de la sumatoria de los impulsos eléctricos de nuestras neuronas (disponible en: http://www.ub.edu/pa1/node/130). De este artículo sobre ondas cerebrales, tomamos el siguiente gráfico resumen:

Figura 1. Resumen de tipos de ondas cerebrales. Tomado de UB, Psicología de la percepción visual (ob cit.)

Campbell, profundiza en el vínculo entre los estados de consciencia del individuo y las ondas cerebrales emitidas (al igual que lo refiere el trabajo de la UB y muchos otros). Éste vínculo podría resumirse en el siguiente cuadro:

Tipo de Onda
Estado de consciencia
Ondas Beta
Cerebro despierto: implicado en actividades mentales intensas (persona estudiando, dando un discurso, resolviendo problemas matemáticos, emociones negativas fuertes).
Ondas Alfa
Cerebro relajado: implica escasa actividad y mayor percepción (persona descansando después de una tarea, dando un paseo).
Ondas Theta
Cerebro en Calma profunda: implica poca activida, mayor inspiración y creatividad (persona que realiza una tarea monótona y se distancia mentalmente de ella, fantaseando).
Ondas Delta
Cerebro en sueño profundo: sólo ocurre el sueño, antes de los que se conoce como REM (o ciclo REM).
Cuadro 1. Estados de consciencia vinculado a cada tipo de Onda Cerebral. Fuente: El autor basado en los trabajos de Campbell y de la UB.

“A semejanza de la meditación, el yoga, el biofeedback y otras prácticas destinadas a unificar mente y cuerpo, la música con un ritmo de 60 unidades de tiempo o pulsos por minuto, como ciertas músicas barrocas, de la Nueva Era y ambientales, puede cambiar el estado de conciencia acercándolo a la gama de ondas beta…” (Campbell, ob cit.). El autor, como músico e investigador de la salud, hace énfasis en las propiedades curativas de la música mediante un proceso de modificación de ondas cerebrales. En la cita, atribuye el cambio de dichas ondas principalmente al aire de la obra (como en el ejemplo, 60 pulsos por minuto, que podríamos ubicar en el rango de Adagio en la indicación de tempo, término aquel que ha adquirido importantes acepciones culturales en la música; ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Adagio_(m%C3%BAsica)) que se está percibiendo o escuchando. En el también mencionado trabajo de Goldman, éste hace énfasis en la propiedad curativa mediante la modificación de ondas cerebrales, pero a consecuencia de escuchar una nota (o grupo de notas –acorde-), en la que, la frecuencia o altura del sonido sería el factor fundamental de cambio de ondas cerebrales (ob cit.).

La complejidad de la influencia de la música al ser percibida por el cerebro, según estos estudios, iría en dos direcciones: La influencia del “aire musical” y la otra en los “sonidos” de la música en si. Es conocido que la música posee otras propiedades que la definen (como la armonía), las cuales aun no hemos logrado relacionar con la función cerebral, en un vínculo que, esperamos, sea parte de otras cuestiones…
 
Sin embargo, con la presencia y confluencia de estas dos propiedades fundamentales, se abre un universo de posibles situaciones para la relación música-cerebro. Por un lado: ¿Cómo el pulso métrico musical modifica ondas cerebrales? Nos encontramos acá con un aparente dilema físico: el pulso sería una adecuación (o parametrización) del tiempo terrestre (humano) en miras de establecer una medida musical, mientras que las ondas cerebrales sería la sumatoria de los impulsos eléctricos (lo que parece ser cosa de otras cuestiones…). Del otro lado (que no es un lado diferente) está el sonido, el cual posee características de onda (con su propiedad armónica de sonidos parciales). Una “onda musical” pareciera que posee mayor compatibilidad con las ondas cerebrales, lo cual, a simple vista (o simple oído) evitaría el dilema físico del primer “lado” anteriormente explicado; pero, el mecanismo para percibir (a través del oído, nevio auditivo, etc.) implica la transformación de esa información de una onda sencilla (sonido) a un impulso eléctrico en el cerebro, presentándose el dilema apuntado en CPSA. Tanto la convergencia inmaterial-temporal-eléctrica del primer “lado” señalado, como la convivencia de ondas frontales-eléctricas del segundo (en el cual hemos tratado de confrontar un sonido –uno solo- con su influencia en las ondas cerebrales), nos quedan como profundas cuestiones a tratar. (Ni hablar entonces de cuestiones relacionadas con vínculos onda-pensamiento, efectos de sumatorias de sonidos, etc.)

El análisis (o su intento) de la relación música-cerebro, hasta ahora, se ha basado (al menos si hablamos del segundo “lado”) en una función sonido-cerebro (de aquí que se haga referencia a la pertinencia del título de este escrito y del anterior). Dicho así: prácticamente un sonido estimula al cerebro (mediante el complejo proceso que se inicia al escuchar); pero debemos aclarar que, cuando hablamos de música, requerimos de una secuencia de sonidos (melodía), aparte del tiempo o tempo (si hablamos del primer “lado”) como el referido en párrafos anteriores. Dejemos la cuestión del tiempo (el primer lado) un “momento”, para una aproximación posterior, y vayamos a caso de la melodía. Podríamos “pensar” en estímulos de sonidos consecutivos llegando al cerebro en una cascada continua que afectaría a las ondas cerebrales. Al percatarnos de esto, se nos complica la cuestión. La presencia de un sonidos simple percibido, posee ya la característica física de la sumatoria de las fracciones de la nota; más aún, la presencia de un conjunto de sonidos consecutivos percibidos se convertirá en una “sabana” de estímulos hacia las ondas cerebrales. ¿Estaríamos aquí en presencia de una transición del sonido simple hacia el de un conjunto, similar a la del tipo que podría ocurrir de una cuerda vibrante hacia una membrana vibrante? ¡Vaya cuestión! En dado caso, de ser algo así posible, o algo parecido, no sería detectable aún. Esto lo voy a dejar hasta aquí…

Aun hay otra cuestión que queda como tarea. Para plantearla, debo citar nuevamente a Campbell cuando incluye: “Poner música en casa, en la oficina o en la escuela puede servir para generar un equilibrio dinámico entre el hemisferio cerebral izquierdo, más lógico, y el derecho, más intuitivo, interrelación que se cree es el fundamento de la creatividad” (ob cit.). Me atrevo a plantear esta cuestión (aunque estemos a años-luz de resolver las otras que dejé pendientes), ya que, entre los hemisferios cerebrales de la neo-corteza, pareciera ocurrir una relación de frecuencias diferente (o no correspondientes del todo) a las 4 explicadas por el mismo autor. Eccles (citado por Martínez, 1997) estimó en la década de 1.980 una frecuencia de impulsos entre hemisferios superior a 4.000 MHz. Estos impulsos estimados, harían una contribución significativa al sistema total de ondas cerebrales, en cualquiera de sus 4 tipos. No podemos separar la interfase hemisférica para establecer diferencias entre la sumatoria de ondas de todo el sistema interfacial y el resto del sistema de ondas cerebrales (aunque si se podría medir lo que ocurre en ella, según estudios contenidos en Restak -2006-, referido en CIRSC, pero esto deberá quedar también para otras cuestiones); sin embargo, basándonos en los indicios de la capacidad creativa del ser humano referida por Campbell, la creatividad involucraría la frecuencia de impulsos entre hemisferios y una totalidad de ondas cerebrales en el rango Theta (ver cuadro 1). Esto parece una cuestión contradictoria, al evidenciar los estudios de Eccles, que lamentablemente también quedará pendiente. Una inmensa cantidad de autores, incluyendo los mismos Campbell, Eccles y Martínez, coinciden en que este punto es uno de los primordiales para el estudio de las ciencias cognitivas en un futuro cercano.

Este escrito parece que sólo ha heredado cuestiones pendientes, todas ellas (las que sabemos y las que no) deben llevarnos a algún lado (que esperamos no sea la locura, o al menos, hacia una locura que no nos guste). Seguiremos indagando en tratar de responder estas cuestiones y generar otras nuevas.

Engel Salazar Aguirre.
30 de agosto de 2016.

Referencias:

Campbell, Don (1998). El Efecto Mozart. Barcelona: Ediciones Urano.

Goldman, Jonathan (1996). Sonidos que sanan. Barcelona: Luciérnaga.

Universidad de Barcelona. (Trabajo en línea). Psicología de la percepción visual -0.4 Las Ondas cerebrales-. Disponible en: http://www.ub.edu/pa1/node/130


Martínez Miguélez, Miguel (1996). El Paradigma Emergente. Ciudad de México: Trillas.

1 comentario:

  1. "Cuestiones iniciales para la relación sonido-cerebro" (CIRSC), en:http://cuestionesfenomenologicas.blogspot.com/2016/08/cuestiones-iniciales-para-la-relacion.html

    "Cuestiones preliminares sobre armónicos" (CPSA, en: http://cuestionesfenomenologicas.blogspot.com/2009/12/cuestiones-preliminares-sobre-armonicos.html

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