“La
música crea una cierta vibración que sin duda alguna produce una reacción
física. Finalmente se encuentra y utiliza la vibración correcta para cada
persona”
George Gershwin
citado por Campbell (1998).
Esta cita de Gershwin
(1.898-1937), compositor de una influencia poderosa en toda la cultura musical
del siglo XX (y XXI), nos invita a abordar un intento de aproximación al efecto
del sonido al cerebro. Hago la salvedad de que, al igual que en “Cuestiones
iniciales para la relación sonido-cerebro” (CIRSC), el presente título debe ser
inadecuado; sin embargo, nos dejamos llevar por la referida observación, al
hablar de música-cerebro, pero en sentido inverso.
Volviendo al tema, el
compositor norteamericano establece una relación directa entre la percepción de un sonido (vibración) y una
reacción física. Tal y como muchos autores han descrito, y como se hizo
referencia en CIRSC, el análisis e interpretación de dicha percepción (y de
todas a las que nuestro organismo tiene acceso) le corresponde a nuestro
cerebro, quien emite órdenes mediante procesos neuronales complejos (impulsos
eléctricos, intercambios entre neuronas, segregación de hormonas, comparación
con momentos en la memoria, etc.), al resto de los órganos con el fin de
generar la reacción física que corresponda (emoción, cambio de ritmos cardiaco,
movimiento corporal, etc.). Esta reacción física “que corresponda” es el fin de
una proceso al que Gershwin refiere en: “Finalmente se encuentra y utiliza la
vibración correcta…).
En su potente trabajo
denominado El Efecto Mozart, el ya
citado Don Campbell realiza una vasta explicación de las reacciones físicas de
la música en el cuerpo humano, describiendo incluso los efectos particulares de
cada tipo de música en nosotros. Por otro lado, en CPSA se hizo referencia al
uso de la música (o los sonidos) en la curación (reacción física positiva en
nosotros) del trabajo de Goldman, Sonidos
que sanan (1996). La explicación de Campbell referente a los efectos
particulares de cada tipo de música en nuestro cerebro, se fundamenta en los
estudios encefalográficos que confirman la emisión de ondas cerebrales. Un trabajo
de la Universidad de Barcelona (UB) indica que estas ondas pueden ser el
resultado de la sumatoria de los impulsos eléctricos de nuestras neuronas (disponible
en: http://www.ub.edu/pa1/node/130).
De este artículo sobre ondas cerebrales, tomamos el siguiente gráfico resumen:
Figura 1. Resumen de tipos de ondas
cerebrales. Tomado de UB, Psicología de la percepción visual (ob cit.)
Campbell, profundiza en el
vínculo entre los estados de consciencia del individuo y las ondas cerebrales
emitidas (al igual que lo refiere el trabajo de la UB y muchos otros). Éste vínculo
podría resumirse en el siguiente cuadro:
Tipo de
Onda
|
Estado de
consciencia
|
Ondas Beta
|
Cerebro despierto: implicado en actividades
mentales intensas (persona estudiando, dando un discurso, resolviendo
problemas matemáticos, emociones negativas fuertes).
|
Ondas Alfa
|
Cerebro relajado: implica escasa actividad y
mayor percepción (persona descansando después de una tarea, dando un paseo).
|
Ondas Theta
|
Cerebro en Calma profunda: implica poca activida,
mayor inspiración y creatividad (persona que realiza una tarea monótona y se
distancia mentalmente de ella, fantaseando).
|
Ondas Delta
|
Cerebro en sueño profundo: sólo ocurre el sueño,
antes de los que se conoce como REM (o ciclo REM).
|
Cuadro 1. Estados de consciencia
vinculado a cada tipo de Onda Cerebral. Fuente: El autor basado en los trabajos
de Campbell y de la UB.
“A semejanza de la meditación, el
yoga, el biofeedback y otras prácticas destinadas a unificar mente y cuerpo, la
música con un ritmo de 60 unidades de tiempo o pulsos por minuto, como ciertas músicas barrocas, de la Nueva Era y
ambientales, puede cambiar el estado de conciencia acercándolo a la gama de
ondas beta…” (Campbell, ob cit.). El autor, como músico e investigador de la
salud, hace énfasis en las propiedades curativas de la música mediante un
proceso de modificación de ondas cerebrales. En la cita, atribuye el cambio de
dichas ondas principalmente al aire
de la obra (como en el ejemplo, 60 pulsos por minuto, que podríamos ubicar en
el rango de Adagio en la indicación
de tempo, término aquel que ha
adquirido importantes acepciones culturales en la música; ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Adagio_(m%C3%BAsica))
que se está percibiendo o escuchando. En el también mencionado trabajo de
Goldman, éste hace énfasis en la propiedad curativa mediante la modificación de
ondas cerebrales, pero a consecuencia de escuchar una nota (o grupo de notas –acorde-),
en la que, la frecuencia o altura del sonido sería el factor fundamental de
cambio de ondas cerebrales (ob cit.).
La complejidad de la influencia
de la música al ser percibida por el cerebro, según estos estudios, iría en dos
direcciones: La influencia del “aire musical” y la otra en los “sonidos” de la música
en si. Es conocido que la música posee otras propiedades que la definen (como la
armonía), las cuales aun no hemos logrado relacionar con la función cerebral,
en un vínculo que, esperamos, sea parte de otras cuestiones…
Sin embargo, con la presencia y
confluencia de estas dos propiedades fundamentales, se abre un universo de
posibles situaciones para la relación música-cerebro. Por un lado: ¿Cómo el
pulso métrico musical modifica ondas cerebrales? Nos encontramos acá con un
aparente dilema físico: el pulso sería una adecuación (o parametrización) del
tiempo terrestre (humano) en miras de establecer una medida musical, mientras
que las ondas cerebrales sería la sumatoria de los impulsos eléctricos (lo que
parece ser cosa de otras cuestiones…). Del otro lado (que no es un lado
diferente) está el sonido, el cual posee características de onda (con su
propiedad armónica de sonidos parciales). Una “onda musical” pareciera que posee
mayor compatibilidad con las ondas cerebrales, lo cual, a simple vista (o
simple oído) evitaría el dilema físico del primer “lado” anteriormente explicado;
pero, el mecanismo para percibir (a través del oído, nevio auditivo, etc.) implica
la transformación de esa información de una onda sencilla (sonido) a un impulso
eléctrico en el cerebro, presentándose el dilema apuntado en CPSA. Tanto la
convergencia inmaterial-temporal-eléctrica del primer “lado” señalado, como la
convivencia de ondas frontales-eléctricas del segundo (en el cual hemos tratado
de confrontar un sonido –uno solo- con su influencia en las ondas cerebrales),
nos quedan como profundas cuestiones a tratar. (Ni hablar entonces de
cuestiones relacionadas con vínculos onda-pensamiento, efectos de sumatorias de
sonidos, etc.)
El análisis (o su intento) de la
relación música-cerebro, hasta ahora, se ha basado (al menos si hablamos del
segundo “lado”) en una función sonido-cerebro (de aquí que se haga referencia a
la pertinencia del título de este escrito y del anterior). Dicho así: prácticamente
un sonido estimula al cerebro (mediante el complejo proceso que se inicia al escuchar);
pero debemos aclarar que, cuando hablamos de música, requerimos de una
secuencia de sonidos (melodía), aparte del tiempo o tempo (si hablamos del primer “lado”) como el referido en párrafos
anteriores. Dejemos la cuestión del tiempo (el primer lado) un “momento”, para
una aproximación posterior, y vayamos a caso de la melodía. Podríamos “pensar”
en estímulos de sonidos consecutivos llegando al cerebro en una cascada continua
que afectaría a las ondas cerebrales. Al percatarnos de esto, se nos complica
la cuestión. La presencia de un sonidos simple percibido, posee ya la
característica física de la sumatoria de las fracciones de la nota; más aún, la
presencia de un conjunto de sonidos consecutivos percibidos se convertirá en
una “sabana” de estímulos hacia las ondas cerebrales. ¿Estaríamos aquí en
presencia de una transición del sonido simple hacia el de un conjunto, similar
a la del tipo que podría ocurrir de una cuerda vibrante hacia una membrana
vibrante? ¡Vaya cuestión! En dado caso, de ser algo así posible, o algo parecido,
no sería detectable aún. Esto lo voy a dejar hasta aquí…
Aun hay otra cuestión que queda
como tarea. Para plantearla, debo citar nuevamente a Campbell cuando incluye: “Poner
música en casa, en la oficina o en la escuela puede servir para generar un
equilibrio dinámico entre el hemisferio cerebral izquierdo, más lógico, y el
derecho, más intuitivo, interrelación que se cree es el fundamento de la
creatividad” (ob cit.). Me atrevo a plantear esta cuestión (aunque estemos a
años-luz de resolver las otras que dejé pendientes), ya que, entre los
hemisferios cerebrales de la neo-corteza, pareciera ocurrir una relación de
frecuencias diferente (o no correspondientes del todo) a las 4 explicadas por
el mismo autor. Eccles (citado por Martínez, 1997) estimó en la década de 1.980
una frecuencia de impulsos entre hemisferios superior a 4.000 MHz. Estos
impulsos estimados, harían una contribución significativa al sistema total de
ondas cerebrales, en cualquiera de sus 4 tipos. No podemos separar la interfase
hemisférica para establecer diferencias entre la sumatoria de ondas de todo el
sistema interfacial y el resto del sistema de ondas cerebrales (aunque si se
podría medir lo que ocurre en ella, según estudios contenidos en Restak -2006-,
referido en CIRSC, pero esto deberá quedar también para otras cuestiones); sin embargo,
basándonos en los indicios de la capacidad creativa del ser humano referida por
Campbell, la creatividad involucraría la frecuencia de impulsos entre
hemisferios y una totalidad de ondas cerebrales en el rango Theta (ver cuadro
1). Esto parece una cuestión contradictoria, al evidenciar los estudios de
Eccles, que lamentablemente también quedará pendiente. Una inmensa cantidad de
autores, incluyendo los mismos Campbell, Eccles y Martínez, coinciden en que
este punto es uno de los primordiales para el estudio de las ciencias
cognitivas en un futuro cercano.
Este escrito parece que sólo ha
heredado cuestiones pendientes, todas ellas (las que sabemos y las que no)
deben llevarnos a algún lado (que esperamos no sea la locura, o al menos, hacia
una locura que no nos guste). Seguiremos indagando en tratar de responder estas
cuestiones y generar otras nuevas.
Engel Salazar Aguirre.
30 de agosto de 2016.
Referencias:
Campbell, Don (1998). El Efecto Mozart. Barcelona: Ediciones
Urano.
Goldman, Jonathan (1996). Sonidos que sanan. Barcelona:
Luciérnaga.
Universidad de Barcelona. (Trabajo
en línea). Psicología de la percepción visual -0.4 Las Ondas cerebrales-.
Disponible en: http://www.ub.edu/pa1/node/130
Wikipedia. Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Adagio_(m%C3%BAsica)
Martínez Miguélez, Miguel (1996).
El Paradigma Emergente. Ciudad
de México: Trillas.

"Cuestiones iniciales para la relación sonido-cerebro" (CIRSC), en:http://cuestionesfenomenologicas.blogspot.com/2016/08/cuestiones-iniciales-para-la-relacion.html
ResponderEliminar"Cuestiones preliminares sobre armónicos" (CPSA, en: http://cuestionesfenomenologicas.blogspot.com/2009/12/cuestiones-preliminares-sobre-armonicos.html